-luuuuuuuz luuuuuuuz luuuuuuuz-
Y se van yendo los ojos,
buscando en el medio del –pí-pí-pí-pí-
dónde carajo quedó el último cacho.
Los dedos al rojo,
salen como pan caliente.
Todos ampollados,
todos derretidos,
el operado
y el operante.
Fundidos.
En uno.
Como extensiones
de sí.
A veces tienen suerte y les chiflan,
como perros.
O los miran,
como a un indeseable.
Cada tanto alguien te ceba unos mates.
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